Amarte Fue La Razon - Jenny Del.epub May 2026

Al abrir la puerta, el viento helado le azotó el rostro. Frente a ella, empapado por la tormenta y con los hombros ligeramente encorvados por el peso de los años y el cansancio, estaba él. Julián no llevaba equipaje, solo sostenía una pequeña caja de madera entre sus manos. Sus ojos, antes llenos de la urgencia de la juventud, ahora reflejaban una calma profunda y una determinación inquebrantable.

—Porque intenté buscar una vida donde tú fueras solo un capítulo pasado, pero me di cuenta de que eras todo el libro —confesó él, con los ojos empañados—. Huir de ti fue el mayor error de mi vida, y volver a buscarte es la única verdad que me queda. Si amarte fue la razón para marcharme y no destruirte con mis dudas, hoy amarte es la única razón que tengo para quedarme.

Hacía exactamente diez años que Julián se había marchado, dejando tras de sí un vacío que el tiempo, obstinado en su curso, no había logrado llenar. No fue una despedida con gritos ni reproches; fue el silencio de una decisión inevitable el que fracturó sus mundos. Él tenía un destino trazado por el deber y la distancia; ella, un arraigo ciego a la tierra que la vio nacer y a las promesas que no podía romper. Amarte fue la razon - Jenny Del.epub

Elena abrió el cuaderno. La tinta, ligeramente descolorida, revelaba la caligrafía apresurada de Julián. Había una carta doblada en su interior, fechada en su última noche juntos. La leyó por milésima vez, buscando en aquellas palabras la absolución que nunca llegó a concederse a sí misma.

Elena cerró los ojos. Al hacerlo, casi pudo oler el perfume a madera y lluvia que siempre lo acompañaba. Recordó la última tarde en el muelle, cuando el sol se teñía de violeta y las olas parecían susurrar secretos que ellos no querían escuchar. Él le había tomado las manos, transmitiéndole un calor que todavía parecía quemar su piel en las noches más frías. Al abrir la puerta, el viento helado le azotó el rostro

—La distancia destruye lo que no se puede tocar, Elena —respondió él, con una tristeza infinita en los ojos—. No quiero que nos convirtamos en fantasmas que habitan en la memoria del otro. Quiero que vivas.

—He vuelto —dijo Julián finalmente. Su voz era más grave, madurada por los inviernos lejos de casa—. Me tomó una década entender que el único lugar al que pertenezco es donde estés tú. Sus ojos, antes llenos de la urgencia de

—Podríamos intentarlo —le había dicho ella aquella tarde, con la voz rota—. La distancia es solo un número.